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Al entrar a Estudio CDL, en Vitacura, no solo se percibe el aroma a café recién molido y la luz cálida que rebota en los espejos. Se siente algo más íntimo: una especie de refugio donde el maquillaje no es disfraz, sino espejo. Allí, Catalina De Luiggi recibe a mujeres que buscan verse —y sentirse— auténticas. “A través del maquillaje busco transmitir cercanía, magia y autenticidad”, dice con una sonrisa suave. “Quiero que cada mujer se vea y se sienta única, fiel a sí misma —sin máscaras”.
Catalina descubrió su vínculo con la belleza desde muy joven, aunque para ella fue más que oficio: fue herencia emocional. “Mi mamá fue una gran inspiración. Cuando falleció, yo era adolescente, y con el tiempo entendí que maquillarme o maquillar a otras personas era una forma de reconectar con esa energía cálida y luminosa que ella transmitía”. Esa sensibilidad, asegura, sigue guiando su mano.
Color, luz y esencia
Hablar con Catalina es entender que su trabajo no se trata de cubrir rostros, sino de leerlos. La colorimetría, explica, es su brújula creativa: “Comprender tonos de piel, luces, sombras y temperaturas de color me permite potenciar lo mejor de cada persona”. Según ella, los colores correctos no solo embellecen; iluminan. “Cuando maquillas con tonos equivocados, te apagas; cuando usas los que te favorecen, brillas de inmediato.”
Su rol, dice, va más allá de los pinceles. Es guía y cómplice. “Ayudo a elegir el look, los accesorios, las texturas… todo lo que armonice con su esencia”.
Una filosofía de piel viva
Si hay un mantra que repite a sus alumnas, es este: la naturalidad no es minimalismo, es valentía. “No necesitas estar ‘estucada’ para verte bien”, enfatiza. “El maquillaje debe resaltar lo lindo que ya tenemos, no tapar lo que no nos gusta”. Por eso, su enseñanza comienza en la piel: hidratación, protector solar y respeto por las texturas naturales. “La idea es aprender a maquillarse desde el amor propio, no desde la inseguridad”.

Una década creando transformaciones honestas
Catalina lleva más de diez años afinando un estilo que hoy es su firma. “Mis clientas siempre me dicen: ‘Te elegí porque en tus antes y después seguimos siendo nosotras’. Ese es mi sello”. Naturalidad, frescura, cercanía. Nada más valioso para ella que entender la historia detrás del evento, el estado emocional, la ilusión del día. “Me doy el tiempo. De esa conexión nacen vínculos que perduran”.
Belleza que se queda en el corazón
Cuando habla de lo más bello de su profesión, su voz se quiebra apenas: “Estar ahí en momentos únicos —matrimonios, celebraciones, etapas nuevas— es un privilegio enorme”. Y lo vive no como trámite, sino como testigo. “Mis clientas me abren sus casas, sus familias, sus nervios y sus ilusiones. Eso no tiene precio”. Y luego añade, casi en susurro: “Este trabajo deja huellas reales en lo emocional”.
Hoy, Catalina invita a vivir esa experiencia en su estudio: un espacio donde la belleza ocurre con calma y cariño. “Aquí las espero con un cafecito”, dice entre risas, “para que puedan vitrinear vestidos, tocados y detalles únicos mientras diseñamos juntas su look ideal”.
Su universo —hecho de texturas suaves, luz cálida y autenticidad— también vive en Instagram, en @catadeluiggi.makeup, donde comparte tips, inspiración y el día a día que da vida a Estudio CDL. “No se trata solo de maquillaje,” concluye. “Se trata de sentirse bien, auténtica y luminosa”.

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