
Cristina Berríos: El secreto detrás de una linda sonrisa.
Cuando pensamos en una linda sonrisa, probablemente pensamos en dientes blancos, alineados y saludables. Pero detrás de una sonrisa que
Cuando pensamos en una linda sonrisa, probablemente pensamos en dientes blancos, alineados y saludables. Pero detrás de una sonrisa que se mantiene en el tiempo hay algo mucho menos visible y, quizás por eso, muchas veces olvidado: el cuidado y la constancia.
Durante mucho tiempo pensamos en la ortodoncia como un tratamiento que comienza con brackets, alineadores o aparatos, y termina el día en que finalmente nos los retiran.
Después de meses o años de tratamiento, llega ese momento tan esperado: mirarse al espejo y ver los dientes alineados, sonreír sin esconderse y sentir que todo el esfuerzo valió la pena.
Pero hay algo que muchas veces olvidamos: terminar la ortodoncia no significa terminar el cuidado de nuestra sonrisa.
Nuestros dientes no quedan “congelados” en la posición en que los dejó el tratamiento. Al contrario, forman parte de un sistema vivo que cambia constantemente. A lo largo de la vida pueden producirse pequeños movimientos dentarios por distintas razones y, después de un tratamiento de ortodoncia, existe además la posibilidad de que los dientes intenten volver hacia sus posiciones iniciales. Por eso, la etapa de retención no es un detalle adicional ni una etapa que podamos simplemente dejar atrás: es parte del tratamiento.
Aquí aparecen las famosas contenciones.
Ya sean fijas o removibles, su objetivo principal es ayudar a mantener los dientes en la posición conseguida después de la ortodoncia. La indicación y el tipo de contención depende de cada caso, pero existe una idea que sí deberíamos tener presente: si queremos conservar los resultados de nuestra ortodoncia, necesitamos pensar en la retención como un compromiso de largo plazo. En muchos pacientes, esto significa continuar utilizándose durante muchos años y, según el caso, incluso de manera indefinida.
Y aquí es donde aparece una pregunta: “¿Pero si mi contención está puesta, tengo que preocuparme de algo más?”.
La respuesta es sí.

Una contención fija puede permanecer en boca durante años y pasar completamente desapercibida. Precisamente por eso podemos olvidarnos de ella. Sin embargo, al estar adherida a los dientes, puede dificultar la higiene y favorecer la acumulación de placa bacteriana y cálculo dental en algunas zonas, lo que hace que una buena higiene y los controles periódicos sean especialmente importantes.
Además, una contención no es necesariamente para siempre en el sentido de “me la instalaron y nunca más necesito revisar”. Puede despegarse, deformarse, romperse o dejar de cumplir adecuadamente su función. Incluso una pequeña alteración puede pasar inadvertida para nosotros y, sin embargo, comenzar a generar cambios en la posición de los dientes.
Y no se trata solamente de ortodoncia.
Una sonrisa saludable también necesita prevención. El cepillado diario, la higiene interdental, los controles odontológicos y las limpiezas profesionales forman parte de ese cuidado. Lo importante es no esperar a que aparezca dolor o un problema evidente para volver a preocuparnos de nuestra boca.
Como odontóloga, me gusta transmitir que el cuidado de nuestra sonrisa no termina cuando termina un tratamiento. Muchas veces son los pequeños hábitos y controles los que hacen la diferencia para mantenerla saludable y bonita con el paso de los años.
Si terminaste tu tratamiento de ortodoncia hace algunos meses, si llevas años usando la misma contención o si ni siquiera recuerdas cuándo fue la última vez que alguien la revisó, quizás este sea un buen momento para detenerte y preguntarte: ¿cómo está mi contención?, ¿cómo están mis encías?, ¿estoy logrando mantener una buena higiene?
A veces, el secreto detrás de una linda sonrisa no está en hacer algo extraordinario, sino en mantener pequeños cuidados de manera constante.
Cristina Berríos
Odontóloga,
Postgrado Ortodoncia y Ortopedia Maxilofacial, Pontificia Universidad Católica de Chile.

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