Lourdes Díaz: “Vendemos una forma de volver a lo esencial”.

Desde la fuerza y el amor por lo natural, Fructus promueve una forma de alimentarse que va más allá del cuerpo: un acto de conexión y gratitud con la tierra. 

 

Llegó a Chile desde Venezuela poco antes de la pandemia. En medio del encierro y la incertidumbre, Lourdes Díaz creó Fructus: una marca de alimentos naturales nacida de la resiliencia y la necesidad de transformar el caos en oportunidad. Sin conocer a nadie ni entender aún la cultura chilena, decidió reinventarse y hacer de la adversidad su punto de partida. 

 

Fructus nació desde lo humano, no nació desde lo perfecto”, dice con serenidad. Esa idea se convirtió en el corazón de un proyecto que invita a reconectar con lo que realmente nutre: frutas, semillas y sabores que brotan de la tierra. 

 

Más que ofrecer alimentos saludables, Lourdes promueve una transformación colectiva: la de un mundo más consciente y conectado con la naturaleza. Su propuesta aspira a nutrir cuerpo y alma, haciendo de la preferencia por lo orgánico un acto de bienestar. Cree que lo natural es una fuente de energía real —esa que no solo alimenta el cuerpo, sino también el ánimo—. “Fructus es para quienes buscan esa energía auténtica, sin etiquetas ni prejuicios”, asegura.

 

Para Lourdes, trabajar con frutas chilenas es un acto de amor y gratitud hacia el país que la acogió. Una forma de demostrar que la calidad natural no hay que importarla, porque se cultiva aquí. “Chile es un país que respira tierra fértil”, afirma.

 

Con el tiempo, aquellas ventas iniciales a vecinos y amigos por Instagram (@fructus.vs) dieron paso a algo más profundo: un proyecto que trascendió lo comercial para convertirse en una forma de vida. “Fructus nació desde el instinto, el coraje y la necesidad de reinventarnos”, cuenta. 

 

 

La honestidad marca el ADN de su marca. “En un mercado saturado de promesas de salud envasada”, afirma, eligió volver a lo orgánico. Su apuesta no apunta solo a ganar terreno, sino a sembrar una nueva forma de relacionarse con la alimentación y con las personas: “Fructus no compite, propone”, expresa.

 

Yo tengo clientes que me escriben solo para saber cómo estoy. Y no me importa si no compran; me interesa el vínculo que se crea con quienes llegan a Fructus”, comenta. Esa conexión humana, asegura, es lo que da sentido a todo. “Nuestra diferencia está en el alma del proyecto: en cómo tratamos a nuestros clientes, cómo elegimos a nuestros proveedores y en cómo cada fruto seco pasó por nuestras manos y por nuestra mirada”. 

 

Cada paquete, dice, no es solo un producto, sino un recordatorio: “que cuando alguien abra un paquete de frutos, sepa que está eligiendo algo más que una marca; está eligiendo cuidarse, respetarse y conectarse”.

 

Fructus nació desde lo humano y sigue creciendo con la misma esencia: para todos, sin distinciones. Porque el bienestar —cree Lourdes— no tiene edad, clase ni identidad. Para ella, todos somos iguales: más que un cuerpo, un alma que necesita ser cuidada y nutrida de la mejor forma posible.


Hoy, sus mezclas recorren Santiago y distintas regiones del país, llegando a hogares, cocinas y rutinas cotidianas con algo más que alimento. Cada producto es una invitación a creer en los procesos, a reconectar con lo esencial y a nutrir el cuerpo desde adentro hacia afuera, entendiendo la alimentación como un acto consciente y transformador. No se trata solo de lo que se consume, sino de cómo y para qué se elige.

Su crecimiento ha sido orgánico y coherente con esa visión: una expansión que no persigue cifras ni masividad, sino impacto real y conciencia. El objetivo no es vender más, sino sembrar hábitos, abrir conversaciones y acompañar a quienes buscan una relación más honesta y profunda con su bienestar.

“Creer es poder”, resume, con la convicción de quien ha hecho de esa frase una forma de vida, un motor diario y una declaración de principios que atraviesa cada decisión del camino recorrido.

Conoce más en https://fructusvs.cl/

Por Catalina Fierro.

 

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