
Lourdes Díaz: “Vendemos una forma de volver a lo esencial”.
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Nacida en Angol, pero fue en Curicó donde la vida le enseñó a empezar de nuevo. Llegó a los 15 años, con más sueños que certezas, y con el tiempo convirtió esa ciudad en su hogar, el punto de partida de una historia marcada por la resiliencia. Hoy, a sus 30 años, es madre de un niño de ocho, estudia Ingeniería en Marketing Digital y ha encontrado en el emprendimiento una forma de sanar, crear y acompañar.
Su proyecto nació de una experiencia que muchos conocen: pagar por un servicio o un arriendo que nunca llega a cumplirse. “Cuando alguien te falla, no solo pierdes plata, también pierdes la confianza”, recuerda. De esa frustración surgió la idea de una plataforma que verificara servicios y empresas, garantizando que detrás de cada nombre haya alguien real. Pero más que un registro, busca levantar una comunidad empresarial basada en la transparencia, la colaboración y el apoyo mutuo.
Lo que la impulsa no son los números, sino las personas. Piensa en quienes buscan a alguien de confianza para reparar su casa, organizar un evento o planificar unas vacaciones. Y, sobre todo, en aquellos que alguna vez se sintieron defraudados. Cada mensaje de agradecimiento es para ella una señal de que va por buen camino. “Me gusta dar visibilidad a quienes hacen bien las cosas y que los emprendedores no se sientan solos”, dice con convicción.
Ser joven empresaria no ha sido fácil. “A veces te miran en menos por la edad, como si no se pudiera pensar en grande sin tener años de experiencia”, confiesa. Pero esa mirada ajena no la detiene. Al contrario, se ha transformado en una de sus principales motivaciones. Para ella, su proyecto demuestra que la juventud también puede ser sinónimo de visión, trabajo y determinación.

Emprender desde regiones suma otros desafíos. En el Maule, la falta de redes, recursos y visibilidad suele limitar las oportunidades. “Todavía cuesta que se tomen en serio a los jóvenes empresarios”, comenta. Sin embargo, ese escenario adverso fue precisamente el impulso para crecer desde Curicó hacia todo Chile, con la convicción de que la innovación también puede tener acento regional.
Más allá de la tecnología o los negocios, lo que más la inspira es la posibilidad de generar un cambio cultural. Cree que recuperar la confianza entre personas, empresas y consumidores es una forma de reconstruir el tejido social. “Hoy la gente necesita volver a creer, sentir que hay alguien detrás que responde, que se preocupa. Si logramos eso, ya estamos cambiando algo mucho más profundo que una simple transacción”, reflexiona.
Entre la maternidad, los estudios y la gestión diaria, Nicole sigue construyendo paso a paso un sueño que nació de una idea sencilla, pero poderosa: recuperar la confianza. Su historia es la de muchas mujeres que se reinventan, que tropiezan y se levantan, y que entienden que el verdadero éxito está en acompañar a otros en el camino.
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